Fuego y moderación como arte
David Ruiz
David Ruiz
Publicado el 7 de abril de 2024
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Fuego y moderación como arte

Del fuego a la luz

He pasado más de cuarenta años frente a estufas, parrillas y fogatas. En mi juventud, me fascinaba el poder puro de las llamas. Quería quemarlo todo, apoderarme de todo, transformarlo todo por la fuerza. Era una cocina de fuego, espectacular y agotadora, como la energía desbordante y a veces desordenada de mis veintes. Pero con el tiempo comprendí que el verdadero arte del fuego no reside en la intensidad del calor, sino en la sutileza de la moderación. El fuego no es un enemigo que hay que domesticar, es un compañero con el que debemos aprender a bailar.

Esta transición del fuego a la luz ha cambiado radicalmente mi forma de cocinar y comer. La moderación no es una debilidad; es la forma más elevada de dominio. Se trata de saber cuándo detenerse, cuándo dejar que la naturaleza siga su curso y cuándo intervenir con precisión quirúrgica. En la cocina, esto significa abandonar los trucos para centrarse en lo esencial. Esta madurez del gesto se encuentra hoy con la madurez de mi propio cuerpo, que requiere menos ruido y más verdad. La moderación se ha convertido en mi firma y es la base de mi salud.

La ciencia del calor suave.

Las llamas son seductoras, pero a menudo engañan. Queman el exterior dejando el interior crudo; atacan las grasas y desnaturalizan las proteínas. Las brasas reales, por otro lado, esas brasas cubiertas por una fina película de ceniza gris, ofrecen un calor constante, profundo y radiante. Es un calor que respeta el ingrediente. Permite una cocción lenta y uniforme que preserva la humedad natural y la integridad de los nutrientes. Es en este discreto resplandor donde se produce la verdadera alquimia culinaria.

Cocinar sobre brasas requiere paciencia y atención constante. Hay que saber leer el color del carbón, sentir la radiación en la piel, escuchar el crujido de la grasa al caer. Esta precisión permite obtener texturas y sabores que ninguna llama viva podrá igualar jamás. Lo mejor de todo es que este método de cocción reduce naturalmente la necesidad de ingredientes innecesarios. Cuando un trozo de carne o pescado se cocina a la perfección sobre brasas, no necesita más que un grano de sal. La complejidad ya está ahí, inscrita en la fibra misma del alimento por el beso del fuego.

Sabor a través de la paciencia

Uno de los mayores secretos de la cocina madura es que el tiempo puede sustituir casi cualquier aditivo. En la industria alimentaria se utilizan azúcares, almidones y potenciadores del sabor para crear la ilusión de profundidad. En la cocina tradicional utilizamos el tiempo. La cocción lenta en una esquina de la parrilla permite que los sabores se concentren, los colágenos se transformen en gelatina cremosa y los aromas se mezclen armoniosamente. Es una estructura que se construye desde el interior, sin necesidad de muletas de carbohidratos.

Este enfoque cambia nuestra relación con la saciedad. Un plato que se ha tomado su tiempo para cocinar aporta una satisfacción sensorial mucho más profunda que un plato 'cargado' de calorías vacías. El cerebro recibe señales gustativas complejas y auténticas, que desencadenan una respuesta de saciedad duradera. Comemos menos, pero comemos mejor. Aquí es donde la filosofía de la 'slow cooking' se encuentra con los principios del low carb: al dejar que el tiempo haga su trabajo, eliminamos de forma natural la necesidad de azúcar para 'equilibrar' los sabores. La paciencia es el ingrediente más puro de la gastronomía.

La economía de lo esencial

A mis 60 años, mi cocina se ha convertido en una búsqueda de la sencillez. Recuerdo las recetas de mi infancia y me sorprende la cantidad de ingredientes innecesarios que agregué. Era como si tuviera miedo a las alturas, miedo a que el ingrediente principal no fuera suficiente. Hoy sé que cada ingrediente adicional es una distracción potencial. Si cocino pulpo, quiero probar pulpo, mar y fuego. Nada más. Esta economía de medios crea naturalmente una dieta baja en carbohidratos, porque los 'rellenos' son casi siempre azúcares o harinas.

Esta sobriedad es una forma de respeto hacia el producto y hacia quienes lo consumen. Es decir: 'Aquí está la verdad de este alimento, sin disfraz y sin artificios'. Es un proceso que requiere valentía, porque ya no podemos escondernos detrás de salsas complejas o presentaciones enrevesadas. Pero también es un proceso increíblemente liberador. Descubrimos que salud y placer no son objetivos contradictorios, sino dos caras de una misma moneda: la de lo esencial. Cuanto menos ponemos en el plato, más vitalidad le sacamos.

Una estética de la verdad

Hay una profunda belleza en la cocina de la moderación. Ella no es una belleza llamativa o dramática que busca impresionar en las redes sociales. Es una belleza honesta y silenciosa, que se revela a quien se toma el tiempo de probarla. Es la estética de la verdad. Después de sesenta años de vida, es la única belleza que todavía me interesa. Ya no busco impresionar, busco nutrir almas y cuerpos con precisión.

Esta estética se refleja en mi vida diaria. Busco claridad, sencillez y coherencia. Mi cocina es el espejo de mi espíritu: refinada, directa y sin compromisos. Al elegir la moderación, encontré una libertad que la intensidad nunca me había ofrecido. Encontré la paz con mi cuerpo y con el mundo. Éste es el don de la madurez: comprender que el mayor lujo no es la abundancia, sino la capacidad de contentarse con la verdad.

La cocina como camino de análisis

En definitiva, cocinar es para mí un camino de abnegación espiritual. Es aprender a quitar todo lo que no es necesario para dejar brillar la luz de lo esencial. El fuego y la moderación son las dos herramientas que me permiten avanzar en este camino. Me enseñan paciencia, respeto y gratitud.

Te invito a probar este enfoque en tu propia cocina. No busques agregar, busca quitar. Deja que las brasas cocinen lentamente tu comida, dale tiempo a tus sabores para que florezcan y confía en la sencillez. Descubrirás que la salud no es un destino lejano, sino una presencia inmediata que se manifiesta en cuanto dejamos de abarrotarnos de superfluidades. La moderación es la clave para una vida vibrante; dale la vuelta y deja que la verdad entre en tu plato y en tu corazón.

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David Ruiz Chile

Chef David Ruiz

Chile

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