Comer ligero sin restringirse
Nyla Amar
Nyla Amar
Publicado el 12 de octubre de 2023
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Comer ligero sin restringirse

La cuestión de la comodidad y la trampa del volumen

Cuando empecé a centrar mi dieta en el ceto, la pregunta volvía una y otra vez, como un estribillo preocupado: "Pero Nyla, ¿no te estás privando demasiado?" Mi respuesta, ahora como entonces, es un rotundo no. Para mí, comer ligero no significa comer menos en términos de placer o nutrientes. Significa dar prioridad a la densidad frente al volumen vacío. Un plato bien construido, rico en grasas seleccionadas, proteínas de calidad y verduras variadas, ofrece un confort que los alimentos ricos en almidón sólo pueden imitar burdamente. Puedes sentirte lleno, caliente y plenamente satisfecho sin necesidad de llenar la barriga con alimentos pobres que simplemente exigen más calorías para llenar un vacío nutricional.

El silencio del estómago después de una buena comida. Es la música más hermosa.

He aprendido a componer comidas que realmente cuidan el cuerpo: caldos concentrados que calientan el alma, pescado azul que nutre el cerebro, salsas emulsionadas con aceite de oliva que aportan esa cremosidad imprescindible. No son extras, son los pilares de una saciedad duradera. En la mesa, también se trata de ritualizar el acto de comer: tomarse su tiempo, apreciar texturas y sabores, para que el cerebro registre la información de que estamos saciados mucho antes de que aparezca la llamada del azúcar. La restricción es una lucha; la densidad es la paz.

Recuerdo las dietas de antaño, cuando contaba cada caloría. Qué cansancio. Hoy cuento los colores y los sabores.

Rutinas, placeres y compartir

Casi siempre empiezo mis comidas con un entrante ácido: unas aceitunas carnosas, un trozo de limón en conserva o pepinillos caseros. Esto estimula la digestión, despierta las papilas gustativas y prepara el terreno. Prefiero las cocciones que concentran los jugos en lugar de diluirlos. Cuando es necesario, mis tentempiés son concentrados energéticos: unas semillas oleaginosas crujientes, un yogur fermentado rico en grasas o un pequeño dado de queso de cabra. El placer se mantiene intacto, sin caer nunca en esos azúcares que desencadenan antojos incontrolables una hora más tarde.

Socialmente, es perfectamente posible invitar a los comensales sin imponer la fatiga de una restricción aparente. Ofrecer platos generosos y coloridos, en los que no haya cereales pero sí abundancia, ayuda a los invitados a sentirse nutridos sin sentirse agobiados. Comer ligero no significa renunciar a los placeres de la mesa; significa elegir placeres que duren, que no se derrumben en cuanto acaba la comida.

A nivel práctico, adoptar este estilo de vida implica gestos sencillos pero contundentes: preparar sus propios caldos con antelación, tener siempre a mano tarros de verduras lactofermentadas, reservar porciones de pescado cocido para los almuerzos más ajetreados. Estas rutinas reducen la tentación de los alimentos procesados, esos falsos amigos cargados de carbohidratos ocultos. Recuperamos el control sobre lo que entra en nuestro cuerpo, y esta autonomía es un inmenso motivo de orgullo.

El olor del tomillo asándose en el pescado. Una promesa cumplida.

Psicológicamente, desactivar la idea de restricción es el primer paso hacia el éxito. Animo a todo el mundo a identificar sus placeres inmediatos sin azúcar: el crujido de un rábano, la cremosidad de un aguacate, el picante de una especia. Estas sensaciones satisfacen al cerebro sin desencadenar la cascada hormonal de la glucosa. La comida debe seguir siendo una fuente de pura alegría, no una fuente constante de culpa o cálculo.

Para los momentos de duda, pienso en la densidad. Un pequeño tazón de yogur griego con unas almendras y un chorrito de limón es infinitamente más calmante que una barrita de cereales azucarada. Es una cuestión de dinámica: alimentamos el cuerpo para que nos deje en paz, para que nos permita vivir, crear, movernos. No vivimos para comer, comemos para vivir intensamente.

Por último, cuando se trata de recibir invitados, prefiero los platos grandes que se pueden compartir. Así se rompe el aspecto "dietético" y se refuerza la convivencia. Al transformar la estética del plato, transformamos la experiencia global. Demostramos que la baja en carbohidratos no es una sustracción, sino un redescubrimiento de lo esencial. Una cocina que respeta el metabolismo al tiempo que celebra la vida.

El sol se desvanece. Me siento alerta, ligero y preparado para la noche. No hay bajón a las 4 de la tarde. Sólo calma, energía constante.

Comer ligero significa darse el lujo de no tener que pensar en ello todo el tiempo. Significa ser libre.

Recetas del chef Nyla Amar

Crema catalana de vainilla
Crema catalana de vainilla

Crème brûlée clásica con sabor a vainilla y caramelizada por encima: versión adaptada baja en carbohidratos con un edulcorante resistente a la cocción.

Gambas a la plancha con ajetes y pimentón ahumado
Gambas a la plancha con ajetes y pimentón ahumado

Gambas marinadas, asadas muy rápidamente para obtener una corteza fragante, servidas con una emulsión de limón.

Filete frito, mantequilla de ajo y alcaparras
Filete frito, mantequilla de ajo y alcaparras

Un bistec simple y delicioso, sazonado con una aromática mantequilla de alcaparras y ajo que agrega acidez y riqueza, perfecto para una cena cetogénica amigable.

Nyla Amar Morocco

Chef Nyla Amar

Marruecos

Mediterráneo-Keto

Platos luminosos, con protagonismo de cítricos, inspirados en mercados costeros y adaptados a necesidades bajas en carbohidratos.