Estacionalidad y energía estable.
Ariana Terau
Ariana Terau
Publicado el 15 de febrero de 2024
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Estacionalidad y energía estable.

En Nueva Zelanda

Aquí en Nueva Zelanda, las estaciones cambian dramáticamente. Vivimos con eso, al ritmo de los vientos del sur y de las mareas cambiantes. No contra la naturaleza, sino con ella. Es una lección de humildad que nos impone el territorio: no somos dueños del tiempo, somos sus pasajeros. Al aceptar este ritmo, encontramos una paz que el ajetreo moderno intenta robarnos. La estacionalidad es la respiración de la tierra.

Teniendo esto en cuenta, se trata de una sabiduría maorí fundamental: que cada estación ofrece exactamente lo que el cuerpo necesita para adaptarse. La naturaleza no comete errores. Nos aporta frescura cuando hace calor, densidad cuando hace frío, claridad cuando necesitamos actuar. Al comer lo que crece y lo que nada aquí y ahora, sincronizamos nuestro reloj interno con el del mundo. La salud es el resultado de esta perfecta alineación.

primavera ligera

La primavera (septiembre-noviembre) es la época de la renovación. Los pescados están más magros, las hierbas frescas invaden la maleza, aparecen las alcachofas silvestres. Este es el momento en que la tierra despierta y nos invita a hacer lo mismo. Abandonamos las grasas pesadas del invierno por sabores más brillantes, ácidos y ligeros. Es una desintoxicación natural y sin esfuerzo, simplemente mediante la elección de productos.

Es bajo en carbohidratos de forma natural. Aquí es cuando la energía debería ser ligera después del letargo del invierno. Comemos verduras de hojas tiernas, brotes de helecho y pescado blanco a la parrilla. Sentimos que la savia aumenta dentro de nosotros y la claridad regresa a nuestra mente. La primavera nos prepara para la acción, nos ilumina para que podamos correr más rápido y ver más lejos. Es la temporada de esperanza y nueva vitalidad.

Verano brillante

El verano es una explosión de generosidad. Los mariscos son abundantes: ostras carnosas, mejillones verdes gigantes y pulpos tiernos. Los pescados azules como la caballa están en su apogeo. Los jardines están repletos de tomates bañados por el sol y calabacines crujientes. Es tiempo de fiesta, compartiendo alrededor del fuego en la playa. Comemos con los dedos, saboreamos la sal en la piel, celebramos la vida en todo su esplendor.

Todavía bajo en carbohidratos. Aún perfecto. No necesitas azúcar para disfrutar del verano. El dulzor natural de un tomate maduro o la riqueza de una ostra fresca son más que suficientes. La energía es radiante, estable, inagotable. Pasamos nuestros días en el agua o en el bosque, apoyados en una nutrición que nos da fuerza sin agobiarnos. El verano es la estación de la plenitud, donde cada comida es una acción de gracias.

otoño denso

El otoño (marzo-mayo) trae otra forma de riqueza. Los pescados azules como el salmón o la anguila ahumada se convierten en los reyes de la mesa. Las nueces caen de los árboles, los tubérculos sin almidón aportan su densidad mineral. Este es el momento en que la luz se apaga y el cuerpo comienza a prepararse para el frío. Buscamos sabores más profundos, terrosos y reconfortantes. Es una suave transición hacia la interioridad.

Aquí es cuando es necesario acumular energía para el próximo invierno. No almacenamos azúcar, almacenamos grasas saludables y nutrientes esenciales. Reforzamos nuestras defensas, estabilizamos nuestro metabolismo. El otoño nos enseña previsión y respeto por los ciclos. Al comer de forma densa, aseguramos la estabilidad emocional y física durante los meses oscuros. Esta es la temporada de cosecha y gratitud reflexiva.

Invierno estable

El invierno es la época de la conservación y la fuerza silenciosa. Comemos pescado almacenado y ahumado, grasas concentradas y caldos ricos. Es hora del Hangi, la cocción lenta en la tierra que calienta corazones y cuerpos. Nos reunimos, contamos historias, honramos a nuestros antepasados. La comida es sencilla, robusta, sin artificios. Nos aporta el calor interno necesario para afrontar los vientos del sur.

Cero azúcar. Dependencia cero. Sólo: último. El invierno es la prueba definitiva de nuestra resiliencia metabólica. Si hemos comido bien durante el año, nuestro cuerpo sabe utilizar sus reservas. No tememos al frío, lo abrazamos. La estabilidad es nuestro escudo. A mis 45 años, nunca le he tenido menos miedo al invierno, porque sé que mi cuerpo es una fortaleza de salud, alimentada por la sabiduría de la tierra. La claridad está en el silencio de la nieve.

cuerpo inteligente

El cuerpo se adapta año tras año, con una inteligencia que nos supera. Mi metabolismo sabe cuándo llega el invierno, ajusta sus hormonas, concentra las grasas, estabiliza el azúcar en sangre. Prepara el escenario sin que yo tenga que pensar en ello. Es una colaboración silenciosa entre mis genes y mi entorno. Respetando la estacionalidad, le doy a mi cuerpo las señales que necesita para funcionar de manera óptima.

No es consciente, es genético. Es la memoria antigua de mi pueblo la que se expresa a través de mí. Hemos sobrevivido durante siglos gracias a esta capacidad de adaptación. Hoy, sólo estoy restaurando mi cuerpo a su lenguaje original. La salud no es una lucha contra la naturaleza, es un baile con ella. Cuanto mayor me hago, más me doy cuenta de que la verdadera inteligencia es la de la vida misma.

Sabiduría de las estaciones

Eso es todo: comer según la temporada significa escuchar la voz de la tierra. No es una restricción, es una alineación. Es aceptar que no somos iguales en verano que en invierno, y que eso es bueno. La diversidad de las estaciones crea la riqueza de nuestra salud. Variando nuestra ingesta según el ciclo natural evitamos carencias y excesos. Seguimos vivos, móviles, claros.

Aquí es precisamente donde, cuando te alineas con la estación, tu energía es estable. Su nivel de azúcar en la sangre es estable. Tu mente está tranquila. Es la tierra la que decide, y la tierra sabe lo que es bueno para nosotros. Mi cocina es un homenaje a este conocimiento, una celebración de cada momento. Ya no intento comer fresas en invierno ni pescado graso en primavera. Como lo que hay y lo que hay es perfecto. ¡Zhu ni hao wei kou e viva as estações reales!

Recetas del chef Ariana Terau

Ceviche de pescado a la lima
Ceviche de pescado a la lima

Pescado blanco marinado en jugo de limón fresco, sazonado con ají y cilantro, una receta peruana ligera y delicada.

Paella ligera de marisco
Paella ligera de marisco

Paella ligera con arroz de marisco y coliflor, con sabores de la costa mediterránea, ideal para compartir.

Ensalada de tomate, aguacate y cebolla
Ensalada de tomate, aguacate y cebolla

Tomates frescos, aguacate cremoso y cebolla morada sazonados con jugo de lima y cilantro, para una ensalada sencilla y sabrosa.

Ariana Terau

Chef Ariana Terau

New Zealand

Ancestral-Maorí-Keto

Respeto por la tierra y el mar (Mana/Whenua), con foco en proteínas tradicionales y recolección estacional.