lo que aprendí
En última instancia, lo que he aprendido a lo largo de la vida es que las reglas no salvan a nadie. Puedes pasarte la vida siguiendo protocolos, pesando tus alimentos, calculando tus macros y aun así sentirte profundamente infeliz y poco saludable. Las reglas son muletas externas que nunca reemplazan la fuerza interior. Lo que realmente salva es el respeto. Autorespeto, respeto por la comida, respeto por los seres vivos. Es una brújula interna que nunca nos engaña.
El fundamento maorí es sorprendentemente simple: el respeto (Whakaute). Hacia el ser vivo que nos nutre, hacia el cuerpo que nos lleva, hacia la tierra que nos acoge. Si esa base es sólida, todo lo demás surge de forma natural. Si falta, ninguna norma podrá suplir el vacío. El respeto es la intención que precede a la acción, el aliento que anima el gesto. Es él quien da sentido a nuestra nutrición.
Sin macros
Además, no se muestra una lista de macros en el refrigerador. Sin calculadora en tu bolsillo. No es una aplicación que nos diga qué comer y cuándo. Estas herramientas pueden ayudar al principio, pero a menudo terminan aislándonos de nuestra propia intuición. Nos convierten en contadores de nuestras propias vidas, cuando deberíamos ser poetas de ellas. El cuerpo no es una máquina térmica, es un organismo vivo, sensible e inteligente. Se merece algo mejor que los números.
Simplemente: respeto. Cuando respetas tu cuerpo, sientes lo que necesita. No necesitas una app para saber que el pescado fresco es mejor que un producto industrial. No necesitamos calcular nuestros carbohidratos para entender que el azúcar nubla nuestra mente. El respeto nos da nuestra autonomía y soberanía. Nos libera de la tiranía de los expertos para devolvernos el poder sobre nuestra propia salud.
El respeto crea equilibrio.
En este enfoque, cuando respetamos a los vivos, el equilibrio surge de forma natural, sin esfuerzo de voluntad, sin lucha contra uno mismo. Es una armonía que se establece porque es lo correcto. Elegimos los alimentos adecuados no porque \
Los niveles de azúcar en sangre se estabilizan, el cuerpo se vuelve más liviano y aumenta la energía. Estos no son milagros, son las consecuencias lógicas de un comportamiento respetuoso. El cuerpo responde al amor y la atención que se le brinda. Recupera su capacidad de autorregulación, su fuerza original, su Mana. El equilibrio no es una meta a alcanzar, es un estado del ser que cultivamos con cada comida. La claridad es fruto de esta paz interior.
¿Reglas bajas en carbohidratos?
En realidad, ¿reglas modernas como la dieta baja en carbohidratos o la dieta cetogénica? Estas son básicamente expresiones contemporáneas de un respeto muy antiguo. Estas son nuevas palabras para verdades eternas. Hemos redescubierto científicamente lo que nuestros antepasados sabían por experiencia: que el exceso de azúcar y almidones perjudican la claridad y la fuerza. Pero no se debe confundir la etiqueta con el producto. Keto no es un invento, es una vuelta a la normalidad.
Pero lo que importa no son las palabras, sino la intención detrás de ellas. Puedes hacer keto de forma irrespetuosa, comiendo alimentos procesados e ignorando las señales de tu cuerpo. No funcionará a largo plazo. Lo que importa es redescubrir el significado profundo del acto de comer. Las reglas son señales, pero el respeto es el camino mismo. Hay que mirar a la luna, no al dedo que la señala.
si entiendes respeto
Por otro lado, si volvemos a lo básico –el respeto–, entonces todas las reglas se vuelven simples, obvias, casi inútiles. Ya no nos preguntamos: '¿cuáles son mis macros hoy?'. Nos preguntamos: '¿cómo muestro mi respeto por la vida a través de esta comida?'. La respuesta está siempre ahí, en la frescura del producto, en la sencillez de la preparación, en la conciencia de la degustación. El respeto lo simplifica todo, elimina dudas y confusiones.
Cuando está claro en la mente, el resto encaja por sí solo. Elegir comida se convierte en un acto de gratitud, no en una tarea dietética. Nos sentimos alineados, coherentes, completos. A mis 45 años, es esta claridad la que busco sobre todo. Ya no quiero ser una experta en nutrición, quiero ser una mujer que respete la vida. Mi cocina es el laboratorio de esta ética. La salud es la firma de mi respeto.
Eterno
Aquí es precisamente donde reside la gran verdad: que el respeto es atemporal. Las reglas cambian según los tiempos y las modas. Las aplicaciones se vuelven obsoletas. Las teorías científicas son sustituidas por otras. Pero el respeto dura. Es el hilo dorado que nos conecta con nuestros antepasados y nos llevará hacia el futuro. Al elegir el respeto como base, construimos una salud que no depende de circunstancias externas.
Mi cocina es un homenaje a esta permanencia. Ella es cruda, franca, es maorí. Quiero demostrar que el verdadero desempeño proviene de la intención, no del cálculo. La claridad es mi horizonte, el respeto es mi fundamento. Mi parrilla es mi instrumento de verdad, mi vitalidad es su firma. La vida es más bella cuando se vive con honor. ¡Zhu ni hao wei kou e viva o respeito real!